Lujos mascotas

Del Lobo, el ladrido de alerta

El Perro, la Función y la Raza
Las siguientes líneas son mi propia cosmovisión del mundo canino, no pretende entregar una verdad ni mucho menos plantear una tesis. Pará que no nos pongamos graves. Es apenas una invitación a conversar, cómo si compartiéramos un mate o nos reuniéramos alrededor del fuego.
Serán ya unos 30.000 años que perro y hombre vamos dejando una misma huella sobre el Camino. No lo recuerdo con exactitud, era aún muy joven cuándo esto recién sucedía. Llevábamos mucho tiempo observando a nuestro vecino «El Lobo». Le temíamos, lo perseguimos, lo vimos cómo competencia y le dimos caza. Sin embargo, lo admiramos, lo estudiamos, aprendimos y mejoramos con ellos el arte de la cacería. Lo observamos largo tiempo y en algún momento de éste animal aullador nos llamó la atención » El Ladrido de Alerta».
Nos robamos algunos cachorros. Algunos dirán que encontramos un Huérfano en alguna ladera o que una Loba herida fue a parir a nuestra Guarida. Seamos honestos, los robamos. Estos cachorros sin rencor en vez de reproche nos dieron su amistad. Nos regalaron su ladrido de alerta, justamente para alertarnos frente al peligro y hasta cazaron junto a nosotros. Veíamos nacer a nuestro mejor amigo. Habíamos creado al «Perro». En el fondo sigue siendo el mismo Lobo. Pero adaptado a nuestra vida y nuestras necesidades. Y fuimos de a poco, sin querer casi, separando a los más alertas al peligro y fueron naciendo los perros de guarda y defensa. Nos fijamos en aquellos más eficientes a la hora de conseguir alimento y brotaron los perros de caza. Nos fuimos expandiendo, nos fuimos acentuando y nuestro mejor amigo nos ayudó siempre. Se especializaron en el pastoreo y en el cuidado del ganado. Nos acompañaron a la guerra, algunos se adaptaron al trabajo en el agua, tiraron nuestros trineos y carros, cuidaron y acompañaron nuestros caballos. Salimos juntos a la conquista de nuevas tierras y sirvieron cómo la mejor compañía y bueno, aunque nos cause cierto pudor, en Asia, en muchos lugares también fueron nuestro alimento. Y casi de la mano a medida que aprendían nuestros trabajos y según clima, ubicación geográfica y misión específica, surgían las razas. Y sobrevivimos gracias a ellos durante largos siglos. Incluso hay quienes se aventuran a decir que entre las razas de humanos que habitaron nuestro planeta, logró mantenerse aquí aquella que supo hacer sociedad con el Lobo. Es entonces el perro un compañero funcional y no una mascota, cómo un hámster o un pajarito. Y es la mascotización del perro la que le hace daño, la que genera confusión y nos tiene escogiendo al que nos parezca más «bonito», diciendo que TODOS LOS PERROS SON IGUALES, QUE SON NIÑOS, ETC. El perro es muchas cosas, es un compañero, un amigo, un socio, pero no es jamás una mascota. Todo perro, absolutamente todo perro es un compañero funcional. Algunos se confunden, sobre todo en la ciudad pensando que el perro funcional es sólo aquel capaz de morder una manga, sólo aquel preparado para la defensa o el que muerde, el que disuade también es funcional, fuera de las ciudades, el que caza, el que pastorea, el que indica. Y dentro cómo fuera de ella, el lazarillo, el policía, y así un largo etc. Pero también es el «Perro de Compañía». Un amigo funcional. Incluso hoy por hoy.
En éste Viaje opioide, a veces me atrevo a pensar que en nuestras sociedades a veces tan frías, de tanto abandono, es la Compañía, la más importante de todas las funciones.
Autor del texto:
mi buen amigo querido
Paulo Raúl Morales Santana

2 comentarios en “Del Lobo, el ladrido de alerta”

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